16 agosto 2016

Respirar por la herida

Que en esta vida no existen las casualidades sino las causalidades, es algo en lo que, personalmente, creo firmemente y que en esta historia de Víctor del Árbol se ejemplifica claramente.

Respirar por la herida es, además, una extraordinaria trama de gran intensidad que integra, con una precisión quirúrgica, todos y cada uno de los personajes, elementos y circunstancias que la componen para conformar un sólido tapiz que dibuja, con dolorosa sordidez, los estragos que la culpa y el dolor hacen en las personas cuando se detienen a pensar en las consecuencias que sus decisiones y/o acciones tienen en el resultado de sus vidas o si esta podría ser o haber sido distinta si hubieran optado por otro camino diferente.

Su lectura es adentrarse en un elaborado viaje con destino incierto y amargo, alejado en su exposición de esa "más amable" visión que teníamos en "La vispera de casi todo" para sentir la erosión del alma de los personajes en carne propia de forma tan real e incómoda, que la angustia nos atenaza con la misma intensidad que nos espolea a continuar para buscar las respuestas, determinar los porqués y llegar hasta el final, donde la visión del conjunto está conformada por la total integración de subtramas dotándola de una fuerza tan real como devastadora e inolvidable.

Eduardo, otrora pintor de reconocido prestigio, malvive ejecutando retratos por encargo que le solicita Olga, su marchante de arte, sin poder superar la trágica muerte de su mujer y su hija en un desafortunado accidente de tráfico hasta que le confian la ejecución de un extraño encargo: la concertista Gloria Tagger quiere que le haga un retrato de Arthur, un empresario con un oscuro pasado, que acaba de salir de la cárcel.
Al acercarse a él para cumplir con el encargo, estará abriendo sin saberlo, la puerta a respuestas que jamás imaginó que podrían abrir una auténtica caja de Pandora para todos aquellos que le rodean desatando toda la virulencia de los fantasmas de su atormentado pasado.

Calificación: Sobrealiente cum laude.
El trabajo más perfecto de los que he leído de su autor. Un auténtico diamante en estado puro.

Lo mejor: La exquisita maestría con que está desmenuzada la historia para reunirse en un final lleno de aristas que cortan, sin piedad, al lector más consumado del género negro.

Lo peor: Que algunos no estén dispuestos a dejarse guiar por un personaje que nos puede traer a la mente lo peor de nosotros mismos.