22 abril 2014

Añoranzas y Pesares (IV): "La torre del Ángel verde"

Bajo este título, concluye la saga Añoranzas y Pesares de Tad Williams
Tras un épico viaje a través del reino de Osten Ard persiguiendo la solución al enigma de las tres espadas, que permitirá la destrucción de la amenaza de El Rey de la Tormenta, volvemos en este último libro a la ciudad donde comenzó todo, Hayholt.
La torre del Ángel verde a la que hace mención el título, se convertirá en el epicentro de la batalla definitiva que marcará el destino de todos los personajes.
Sin dudas, el mejor libro de todos, pues al conocer y estar desarrollados ya todos los enclaves de acción y los distintos personajes, los acontecimientos se suceden casi sin darnos tregua.
Por fin aparecen abiertamente sentimientos amorosos que han permanecido dormidos en el resto de las entregas y que aquí cobran una vital importancia en el desarrollo y las consecuencias de las acciones.
Un encomiable trabajo que, pese a todo, apuesta por un final esperanzado y algo almibarado.
Por fin todas las piezas del puzle están reunidas para componer un mosaico final sólido, atrayente y fascinante.
Un trepidante viaje a una fantasía rica en matices, lírica y bella en la que uno queda atrapado casi sin proponerselo con la esperanza de salvar ese mundo que amenaza con perderse para siempre por culpa de los errores pasados.
Calificación: Notable. Un extraordinario modo de comprender las reglas del mundo con unas elaboradas metáforas.
Lo mejor: Cada vez que un personaje transita por el Sendero de los Sueños e intenta interpretar su significado; Todas y cada una de las batallas; La resolución del enigma de las tres espadas y los hechos que se derivan del mismo; el amor como redención
Lo peor: la desaparición de algunos personajes que, si bien necesaria para la trama, a mí personalmente me ha dolido mucho; un exceso de almíbar en el final de la historia de Simón

13 marzo 2014

A mis amigos les dejan

¿Quién no ha utilizado esta frase ante sus padres cuando tenía la necesidad perentoria de que le dejasen hacer/ver algo que se salía de las rutinas/normas familiares?
¿Cuántas lágrimas no derramábamos cuando pese a esa poderosa y potente razón no nos salíamos con la nuestra?
Ahora, con el paso de los años, he protagonizado esta familiar escena desde el otro lado: yo dando la negación mientras mi hijo esgrimía este argumento peregrino.
Y es en este momento cuando me he reconciliado mentalmente con mis padres y entiendo sus razones, de bastante más peso y sensatas, de lo que hubiera creído.
Es cierto que quizá en ocasiones pecaban de un exceso de celo a la hora de hacer algunas restricciones, especialmente televisivas, que es en las que quiero centrarme en concreto.
Pero también lo es que ahora existe una permisividad perniciosa al respecto.
Tan malo es proteger a nuestros vástagos de las garras del mundo exterior como sobre informarles o, lo que es peor, mostrarles realidades distorsionadas del mismo.
Actualmente, las familias tenemos unos horarios imposibles que dificultan enormemente la conciliación de la vida laboral con la familiar.
Algunos afortunados, arañamos como podemos algo de tiempo para disfrutar de un pequeño momento familiar conjunto, en mi caso la cena, momento del día en que estamos todos, y que de siempre usamos para contarnos un poco como ha ido el día, programar citas médicas o reuniones con los tutores... 
Para mí, que una televisión irrumpiera en este momento único, destruiría por completo cualquier posibilidad de hacer todo ello dentro de un clima armónico o con la atención adecuada.

- Mamá, es que si pusieras una tele en la cocina, no me perdería el final de la serie
- Lo repiten. Si no lo ves hoy ya lo verás otro día
- Pero es que mis amigos tienen una y algunos hasta en su habitación
- ¿La televisión hace la cena o te escucha cuando tienes un problema?
- No...
- Pues eso
Hasta aquí has capeado una de las peticiones habituales cuando tu hijo llega a la preadolescencia. Pero no por mucho tiempo.
Luego viene el horario de acostarse.
Sí, las 9 de la noche es muy temprano. Pero si al día siguiente hay que pegarse el soberano madrugón y quieres disponer de un pequeño momento "en pareja" es la única opción.
Porque además, son mayores para acostarse pronto pero... no se duermen sino acudes a su habitación un rato antes de que se duerman bien para que les llenes el vaso de agua, les arregles la ropa de la cama, o quieran contarte algo que no quieren que nadie más sepa. Así que la opción dejarles un rato más, en mi caso, no es viable.
Otro bache superado. Pero... ay amigo. En clase se cuentan las series que ven... y justo son todas aquellas que por alguna extraña razón todas las cadenas les da por emitir a partir de las 10,30 de la noche, con tal cantidad de anuncios, que cuando terminan suelen ser más cerca de la una de la mañana que las doce de la noche.
Se mal denominan series familiares.
Porque si bien los niños de ahora son muy listos, hasta demasiado, carecen de algunas experiencias que no les van a permitir entender el humor o los conflictos que presentan; porque los niños que salen en las mismas no tienen actitudes propias de un niño real, por no hablar de su vocabulario, ni las relaciones familiares que se presentan son tan sencillas de resolver como se plantean en las ficciones.

- Voy a ser el tonto de la clase. Soy el único que nos las ve
- Si suspendes, aunque las veas, seguirás siendo tonto igualmente
Claro que quiero que mi hijo esté perfectamente integrado. Que sepa cosas. Que disponga de la información necesaria. Pero que sea porque la necesita. No porque crea que la necesita.
Porque le sirva a él. No porque le sirva a los demás.
Y sobre todo, ahora que hay canales donde repiten a horas más diurnas estas series, si considero finalmente que podemos divertirnos todos viéndolo, al mismo tiempo que le explico lo que sea necesario, me parece mucho más razonable.

12 marzo 2014

Añoranzas y pesares (III): "A través del nido de Ghants"

Continuamos los acontecimientos derivados de la llegada de los principales personajes a "La roca del adiós"", buscando un refugio lejos de la tenebrosa alianza del rey Elías con El Rey de la Tormenta.
Josua el Manco ha conseguido guiar a los restos de su pueblo hasta el antiguo refugio sitha, confiando reunir allí el apoyo de todos aquellos que, como él, huyen de un reinado sombrío y caótico que pretende la destrucción absoluta de lo que hasta ahora se conoce como Osten Ard y que, según los designios él está destinado a evitar.
En esta ocasión, Tad Williams desarrolla plenamente todos y cada uno de los personajes que nos ha ido presentando hasta ahora, moviéndolos por todos y cada uno de los fascinantes territorios que componen el reino de Osten Ard.
Pese a su ritmo desigual, uno se deja arrastrar irremediablemente por las vivencias de los distintos personajes en la entrega con más acción de las tres. No en vano, ya sabemos el objetivo del Rey de la Tormenta y quienes son sus aliados por fuerza o convicción y esto choca frontalmente con las perspectivas del resto de pobladores y sus distintas etnias.
Los bandos ya están definidos y es hora de desarrollar las estrategias más adecuadas para garantizar el éxito de los enfrentamientos armados. Cada batalla ganada, es un avance de la luz sobre la oscuridad y un paso más para desentrañar el misterio de las tres espadas.
La magia está también muy presente en este volumen como guía del camino y se plantea un interesante punto de vista de la religión como vehículo de esperanza cuando todo está perdido. 
Una vez más, las distintas tramas se desarrollan de forma paralela para converger en la parte final aportando sentido y fuerza al conjunto.
La unión de las diferencias para la consecución de un bien común y mayor.
Es el libro donde los secundarios cobran mayor protagonismo y gracias a ellos accedemos a los datos que completan las historias y vivencias de los protagonistas.
La antesala del gran final que en breve espero reseñaros.

Calificación: Notable.
Para los amantes de las historias fantásticas a la vieja usanza. Indispensable la lectura de los libros anteriores.
Lo mejor: Los enfrentamientos armados y las estrategias utilizadas; la angustiosa aventura en el Wram; la interpretación de la leyenda de las tres espadas; Las transiciones de historias, mejor trabajadas que en el libro anterior; Raquel el Dragón y la importancia que imagino tomará en el final de la historia.
Lo peor: La poca presencia de Pryrates en este libro; 

20 febrero 2014

Tareas pendientes

Supongo que no soy la primera ni la última persona que, en ocasiones, se pone a pensar en aquellas cosas que aún le quedan por hacer, las que dejó por terminar, las que hizo bien/mal/regular.
En esos momentos también dejo volar la imaginación sobre aquellos objetos, ideas o cambios que pensé realizar y que, bien por falta de dinero, tiempo o ganas (esto último es más bien pereza, he de reconocerlo) aún no obran en mi poder, se quedaron en meros proyectos o directamente dejé para un momento mejor. A otras, sencillamente renuncié.
Con los años, uno se da cuenta de que a veces, aplazar las cosas, no hacerlas o relegarlas al olvido no evita que se almacenen en nuestra cabeza para volver en el momento más inoportuno. O en las circunstancias propicias o, sencillamente, cuando realmente estamos preparados para llevarlas a cabo. Depende del caso que uno quiera hacerles.
Estas son algunas de las mías:

Sacarme el carnet de conducir.- Con poco más de dieciocho años, la gran mayoría de mis amistades ya tenían el permiso de conducción y, las más afortunadas, hasta coche.
Yo no lo veía práctico y, para ser sinceros, tampoco me llamaba mucho la atención.
Mis padres no tenían coche. Siempre nos desplazábamos en transporte público y utilizábamos autocares o tren para los desplazamientos más largos.
Años después, por circunstancias de horario laboral, se me planteó de nuevo la oportunidad. Pues ni por esas. Me seducía más delegar la responsabilidad de llevarme de un lado a otro al conductor de turno mientras yo escuchaba música en mi walkman o me deleitaba con un buen libro.
Llegaron los niños. Mi costillo tiene carnet. Necesitábamos cambiar de coche. Con uno era suficiente.
Un día mi costillo tuvo un problema grave de salud que casi nos cuesta un disgusto. Él no podía conducir, lógicamente. Tuve que recurrir a la familia.
Ahí ya tuve que rendirme a la evidencia. Era necesario que pudiera conducir. Y me apunté a la autoescuela en unos horarios intempestivos, pues salgo tarde de trabajar, y en unas condiciones atmosféricas y de tráfico adversas. Teórico: a la primera. Práctico: cinco convocatorias; cinco suspensos (segundo y tercero injustos, pero bueno). Tres mil eurazos tirados.

Escribir un libro.- Antes de nacer los niños, era miembro de una asociación editorial que creamos varios miembros de una publicación local. Logré publicar dos relatos en tres años. Uno de ellos premiado. Cuando me lo propongo, puedo escribir algo más que digno. Mis principales fallos son estructurales y la ausencia de experiencias viajeras y facultativas para desarrollar una ficción ambientada en la realidad. Así que mi campo de acción se limitaría al terreno fantástico. Imaginación no me falta. Comencé, hace ya diez, años una historia. Duerme en los cajones esperando a que me digne trabajarla. Pero estoy segura de que la escribiré.

Viajar al extranjero.- Debo ser de las pocas personas que, hoy en día, lo más lejos que ha ido ha sido a Lanzarote. Me seducen otros destinos. Babeo cuando alguien cuelga las fotos de sus viajes o me narra cosas de otras culturas, costumbres de otros países... pero me asusta viajar. Perder el contacto, por muy provisional que sea, con el país en que nací. Es irracional, lo sé. Tampoco mi economía es que me permita hacer grandes planes. Pero siempre me escudo en esto e invierto ese dinero que no gasto en viajar en cosas prácticas del día a día. Me gustaría probarlo antes de que mis hijos lo hagan antes que yo.

Volver a subirme a un escenario.-  Una gran parte de la confianza que actualmente tengo en mi misma se la debo al teatro. Fue mi cura para absurdos/castradores complejos que tenía. Echo de menos la ilusión de acometer un proyecto común y darle vida sobre las tablas. Transformarme en otra persona y trabajar un personaje. Las anécdotas de los ensayos. Los nervios del estreno. La ausencia de miedos y esa sensación de que no existe más que lo que en eso momento dices y sientes mientras un foco te ilumina. El aplauso tras el trabajo, un abrazo cálido que te envuelve y reconforta y te ayuda a evaluar la ejecución de tu interpretación. Pero el nivel de entrega que exige lo hace, a día de hoy, incompatible con mi vida actual. Pero no lo descarto. ¿Alguien tiene un proyecto interesante?

Y vosotros, ¿qué tareas tenéis pendientes?

18 febrero 2014

La liga televisiva

Al igual que en el terreno futbolístico la liga tiene tres equipos destacados, dos especialmente para ser exactos, sobre los demás, la televisión en España tiene su propia competición si bien más feróz y desleal.
Dejando al margen a TVE, los derbys más sonados son entre las privadas, abanderadas por Telecinco y Antena 3 por aquello de ser las más vistas.

En los últimos años, la cadena de Mediaset adolece de contenidos de dudoso gusto y calidad, todo hay que decirlo, pero ocasionalmente sorprende y cuando lo hace suele ser de la mano de alguna serie o reality.
Por el contrario la cadena de Atresmedia, siendo más discreta, ha tenido el acierto de cuidar sus productos y asociarse, con buenos resultados, a productoras que le han reportado éxitos en los formatos de sus series.
Partiendo de esta premisa, cuando Antena 3 avanzó la programación de una nueva serie como "Velvet", creada por Bambú Producciones, responsable de éxitos como "Gran Reserva""Hispania" o "Gran Hotel", el éxito se daba por seguro.

Ayer fue la puesta de largo de "Velvet"  y, tras su visionado, voy a contraponerla con otro estreno con gran acogida en la cadena de Mediaset como ha sido "El príncipe".
Vaya por delante que, en tv, cine y literatura, está prácticamente todo inventado por lo que a la hora de acometer un proyecto de esta envergadura, imagino que lo importante, de cara al resultado, es la innovación a la hora de contarlo, su puesta en escena y un casting adecuado.

VELVET

Cuidada en los detalles de época, con un extraordinario casting, tiene que vendernos una historia de amor imposible entre distintas clases sociales.
Para que esto funcione, debe haber un conflicto dramático sólido y tramas paralelas que lo alimenten o se retroalimenten del mismo.
Aquí no hay conflicto.
Desde que conocemos a los protagonistas de la misma, Ana y Alberto, esa diferencia social no existe a la hora de que ellos construyan su historia. Ambos están juntos durante mucho tiempo, ambos se corresponden y entonces toque obligado de dificultad, a él le mandan a estudiar al extranjero para que olvide a la chica. Chica que espera noticias que nunca llegan y que sufre. Chico que regresa como sino hubiera pasado nada, y como recién caído no en la época que le ha tocado vivir, los años 50, sino como lo haría un chico de hoy (gran fallo). Chico que no entiende porque la chica no se alegra de su regreso. Chica que le reprocha la falta de noticias que, según el chico, si le han mandado y no ha recibido. Conclusión: se las han ocultado. Chica que busca las pruebas y las encuentra y esto abre camino para retomar la relación. 
Vamos, que están juntos y lo van a estar sí o sí. ¿Dónde está el misterio?.
Entra otro "conflicto". Los padres del chico le quieren emparejar con alguien más adecuado. Chico que tiene en pantalla más química con esta alternativa que con la que es el amor de su vida. Así que rechazo porque lo dice el guión. Él es fiel a su chica. Adiós conflicto.
Padre que tiene una visión del negocio distinta a la del chico. Discusión. Chico que decide renunciar. Padre que se suicida. Adiós conflicto.
Y así sucesivamente.
Vamos que en los próximos capítulos tendremos más escenas empalagosas, lagrimas afectadas con primeros planos innecesarios y pendiente de confirmar si la hija de las jefa de costureras es la bastarda del dueño de los almacenes y poco más.
Si, gran trabajo de vestuario, ambientación (aunque los cromas para la Gran Vía sean más falsos que un billete de 1000 euros), decorados excesivos (esos ascensores, por Dios) y personal que... ¡vive en dormitorios en el edificio del negocio! (vamos que han aprovechado los decorados de "Gran Hotel" pero bien).
La cabecera de la serie, especialmente esa canción en inglés, es horrible. Así como el exceso de apoyo musical innecesario en algunas escenas.
El nombre de las galerias no se lo cree ni el tato y el de la competencia, menos. Y este tipo de almacenes, que alguien me corrija si me equivoco, no ha existido jamás en España en el modo que aquí se presenta. Es decir, inverosímil.
Mención aparte la ausencia de química entre la pareja protagonista. Muy estética, pero que no transmite, especialmente Paula Echevarría que mantiene una distancia prudente en las escenas comprometidas e instala un muro entre ambos perceptible para el espectador.
Y Miguel Ángel Silvestre pues no actúa como un hombre de la clase social a la que pertenece, ni a la época que le toca interpretar. Una lástima. Es ver otra vez al "Duque" pero sin la voz ronca.
Aunque la recuperación de actores de la talla de José Sacristán, Aitana Sánchez Gijón, Natalia Millán y Tito Valverde bien merezca darle una oportunidad.


EL PRÍNCIPE

Por esta parte tenemos un conflicto real, la convivencia forzosa entre dos culturas distintas, la cristiana y la musulmana y un cuerpo de policia que vela porque esta se mantenga, aunque para ello no siempre actúe dentro de la ley.
Otra cosa es que los actores no trabajen bien  el conflicto, que da para largo y puede conseguir mejores resultados que los hasta ahora vistos.
Se le ha reprochado un mal uso del croma, que a mi modo de ver, no es cierto. Si no me lo dicen, creo que toda la serie se ha grabado íntegra en la barriada del Príncipe en Ceuta.
Que los decorados son poco creíbles ¿? pues... debo ser poco exigente porque me convencen.
Una cabecera de presentación impecable y una música que cautiva.
Aquí también tenemos historia de amor y bien conflictiva. Al margen de la distinta religión que los protagonistas de la misma tienen, esta el factor: ¿él está con ella por amor o la está utilizando?. Por otra parte, ella está prometida y sin embargo no puede evitar sentirse atraída por él. Aquí sí hay química y tensión sexual no resuelta cuando ambos personajes están juntos.
A parte de protagonistas guapos y jóvenes como Álex González y Rubén Cortada, hay ganas de entregarse en sus papeles, de hacerlos creíbles. 
Y hay un peso pesado como José Coronado  que hace sólido el proyecto con cada una de sus intervenciones.
Los secundarios, menos conocidos, también ayudan a construir el escenario y esto, con el tiempo, y algo más de acción en las tramas, puede convertirla en un gran éxito.
Además la historia es interesante, tiene intriga y engancha.
Su gran handicap es que la emite Telecinco. Que no se le perdona que tenga una protagonista que tenga una belleza innegable, Hiba Abouk,  a la que se le critica absolutamente cada gesto.

Lo único bueno que comparten ambas es las ganas de renovar la forma de contar historias en la televisión española actual. De que algo está cambiando en nuestra industria audiovisual y que, aún española, se juega en primera división y es una gran oportunidad para futuros proyectos que den cabida a muchos y muy buenos actores que tenemos aún por descubrir.

13 febrero 2014

The forest

ACTUALIZADO

Segundo trabajo de estudio del grupo Trees die standing, que verá la luz el próximo 28 de febrero tras una intensa y original campaña de crowdfunding movida por el vocalista del grupo, Jacobo García.
La versión digital del album ya está disponible en primicia, para todos aquellos que contribuyeron a hacer posible su edición.
En este enlace, podéis escuchar un remix de todas ellas: http://youtu.be/1A0A1hv_fz8
Potentes guitarras, buena voz y arreglos muy acertados a excepción de "Broken Toy" quiza el único tema que menos me gusta del disco.
Tras varias escuchas, paso a comentaros un poco mis primeras impresiones.

A diferencia de su primer album, "Update the world", que podeis escuchar en Spotify, "The Forest" intenta abarcar distintos estilos dentro del género rock y se nota. No hay esa uniformidad que caracterizaba al primer disco.
"The forest" es una búsqueda, una exploración constante con temas que si beben de ese primer trabajo como "Soldiers of the World", y nuevos estilos como "Nobody is perfect", ,Another Step" y "Everything will be all right".
Hay reminiscencias de The Rasmus, especialmente en las guitarras de "Say goodbye", muy en la línea de las de ese grupo en su canción "Best days of my life".
Encontramos también cuatro temas que entran desde la primera escucha y que no nos dejan indiferentes: "Trees die standing", "Nothing but love", "Judgement Day" y la balada del disco, "Break me in case of fire". Esta última, con diferencia, mi favorita.
Sin embargo, para promocionarse, han elegido un tema que rompe totalmente con todos los anteriores, "Stop", muy bueno, pero que se hace extraño entre los demás, como fuera de lugar. Con esta canción me sucede lo mismo que con la de "Top of the world" de Imagine Dragons dentro de su album "Night Visions": no me pega.
Pienso que "Nobody is perfect" hubiera sido una extraordinaria tarjeta de presentación o incluso "Trees die Standing".
Si os apetece escucharlos en directo, la mejor manera de valorar a una banda, conocer y disfrutar su música, el próximo viernes 28 de febrero estarán en la sala Thundercats, a partir dels 22 horas.
La entrada es libre y allí    son 5 euros si os gusta lo que escucháis, que estoy segura de que sí, podréis comprar este disco en CD y la camiseta promocional.
Un empujoncito al rock patrio. Estos chicos lo valen y se lo merecen.


06 febrero 2014

Reencuentro en la torre

Subió a lo alto de la torre para gritar su descontento, enfrentándose al viento que ensordecía sus palabras.
Las lágrimas cubrían su rostro moreno mientras, en un intento vano de imponerse al dolor, levantaba sus amenazadores, aunque humanos, puños al cielo.
El mar furioso se estrellaba contra las rocas, elevando el agua por encima de las crecidas olas en multitud de gotas que se adhirieron a sus ropas mojándolas en una caricia fría y salvaje que le recordó la inutilidad de su furia.
Fue bajando los brazos despacio, mientras su crispado rostro se contraía por la angustia de la desesperación y la impotencia, haciéndole gemir como un niño abandonado entre la multitud.
Solo que aquí no había gente, nadie que pudiera acudir a ayudarle.
Ninguna voz intentaría calmarle.
Nadie.
Solos él y su pena.
Y la mar.
Esa mar inmensa que bullía alrededor de la alta torre donde se encontraba.
Inesperadamente, una luz cegadora le sobresalto haciéndole encogerse instintivamente sobre sí mismo al tiempo que sonaba un trueno que hizo retumbar el cielo como si estuviesen cayendo sobre él toneladas de piedras.
Sintió temblar el suelo bajo sus pies por la intensidad del ruido y a punto estuvo de perder el equilibrio, que mantuvo, casi milagrosamente mientras caminaba hacia la escalera para descender hasta la entrada, más próxima al suelo y que se le antojo mucho más estable.
Como por ensalmo su dolor, su rabia, su llanto, su desesperación, habían sido sustituidas por un miedo irracional e inevitable.
Otro relámpago rasgó el cielo que había sucumbido a una oscuridad más propia de la noche, ofreciéndole una fugaz vista de un mar que ahora se revelaba negro como la tinta, agitado por enormes lenguas de agua que alcanzaban una altura cada vez mayor.
El trueno que hubo a continuación, le arrancó un grito de la garganta que hasta a él mismo le resultó inhumano por su sonido.
Se abrazo las rodillas, encogiéndose sobre sí mismo, apoyándose en la pared del primer escalón.
Comenzó a temblar sin control, casi al mismo tiempo que el suelo, cuando notó gravilla cayéndole sobre la cabeza y el crujir de las piedras de la torre con cada embestida de agua.
Su mente le instaba a salir de allí de inmediato, pero su cuerpo no le respondía, estaba agarrotado. Apenas se atrevía a entreabrir los ojos para mirar hacia la oscura bajada, que oscilaba de izquierda a derecha, transmitiéndole una inmediata sensación de mareo que se transformó en una náusea que apenas pudo contener.
Su respiración comenzó a ser más agitada, como la de un pez que boquea fuera del agua en busca de oxígeno.

- ¡Claudio!, ¡Claudio!

Se sobresaltó. Alguién había gritado su nombre. Intentó escuchar, pero sólo le llegaba el eco amplificado de las olas y el retumbar del trueno, cada vez más intenso.

-¡Claudio!, ¡Claudio!

Otra vez. Ahora, aunque aún lejano, Distinguió su voz.

- ¡Aquí! - se oyó contestar - ¡Aquí! ¡Arriba!

Y entonces distinguió una luz que oscilaba en la escalera. Una sacudida en el suelo y el ruido de piedras cayendo en la estancía abierta de la torre donde antes había estado asomado al mar vomitando su rabia, le sacaron de su rigidez y comenzó a bajar con torpeza, a tientas, los escalones.
Sintió la estructura de la pared, fría y húmeda por el agua, temblar bajo sus manos. Otra vez sintió como si alguien le estuviera robando el aliento al tiempo que cada latido de su corazón se aceleraba martilleándole los oídos hasta convertirse en un zumbido.
Y entonces vio su rostro, iluminado por la linterna que portaba y, olvidado todo dolor, toda rabia, una sonrisa de alivio, casi una mueca en su cara demudada por el miedo, le impulsó a abrazarle.

- ¡Claudio! ¡Hijo! Por Dios... ¿estás bien?
- Sí papá - acertó a decir apenas mientras se cobijaba en los brazos de su padre. El mismo padre con el que había tenido un duro enfrentamiento por la mañana en el que, incluso, habían llegado a las manos.
- Aquí corremos peligro. Vamos abajo. Rápido. Dios mío... ¡pero si estás empapado y temblando!
- Papá yo... yo...
Su padre, por toda respuesta lo apretó contra su pecho firmemente, como si de un niño pequeño se tratase. Después, le hizo pasar su brazo izquierdo en torno a sus hombros y le conminó a bajar.

Su corazón comenzó a latir más pausado y su respiración, a cada paso, pese a la larga bajada que tenían por delante, se hizo más lenta. Sólo un ligero dolor de cabeza, que después se transformaría en migraña, le recordó el amargo sabor del miedo que había pasado.
Pero él, había venido. Pese a todo había venido.

- Por un momento... - comenzó a decir - pensé que la torre caería
- ¿Ésta torre? - preguntó su padre mientras recorría con sus ojos la piedra que los envolvía - Tiene unos extraordinarios cimientos. Lleva en pie más años de los qué tú y yo juntos tenemos y, con toda seguridad, permanecerá en pie cuando tú y yo nos vayamos de este mundo.
- Pero se estaban cayendo piedras... y la tormenta... - y como para dar más énfasis a sus palabras, un nuevo trueno se dejó oír ahora, aunque algo más lejos o, al menos, eso le pareció a él.
- Anda, vamos, que parece que ha pasado lo peor y tu madre estará preocupada.

Cuando llegaron abajo, se oían ya lejanos los ecos de trueno y la lluvia había cesado, aunque la mar, seguía muy picada.
Claudio no pudo evitar echar la vista a las alturas.
Tal y como había afirmado su padre, la torre permanecía en pie, desafiante, dejándose acariciar por el agua y el viento, inalterable. Claudio, no pudo evitar sonreir mientras volvía los ojos emocionados a su padre y musitaba un penitente "Gracias".