27 diciembre 2013

Hablarle a una pared

Seguro que no os resulta desconocida esa sensación de hablar y comprobar que nadie os escucha: en el trabajo, cuando te encuentras casualmente a un conocido en la calle, cuando regañas a tus hijos....
Lo realmente triste es cuando sientes eso con una persona que sientes cercana, afín a ti: un amigo, tu pareja, un familiar...
En concreto, esto me sucede últimamente con una "amiga". Y es que descubrir que esta palabra le queda grande a una persona no es tan doloroso como reconocer que, efectivamente, es así.
Entendiendo como amigo/a la persona con la que compartes situaciones, conversaciones, momentos personales que no cuentas a otros.
Hace tiempo que soy consciente que los amigos de verdad que tengo, buenos, auténticos, los puedo contar con los dedos de una mano y me sobran dedos.
El problema comienza cuando, en tu afán de ampliar tu círculo social, de  creer que hay más gente buena ahí fuera, llegas a la conclusión de que el esfuerzo empleado en ello no es proporcional al resultado que se obtiene.
En el mejor de los casos, te puedes marcar unas risas a costa de tu credulidad para amortiguar el fracaso. En el peor, comienzas a justificar lo injustificable en aras de un bien que crees que está ahí oculto, esperando a ser descubierto por ti mientras tu subconsciente y los que te conocen te mandan señales inequívocas para que desistas del empeño y te centres en otras cosas realmente importantes.
Pero tú, en ese afán tan humano de llevar la contraria a la mayoría, de ratificar tu capacidad adulta de decidir, insistes, insistes y... ¡zas! te llueven por todos los lados. (No tanto físicamente como moralmente, que es lo que más escuece).
Hoy ha sido uno de esos días donde no me ha quedado otra que rendirme a la evidencia: reconocer que me he equivocado.
Embargada aún por cierta tristeza por un acontecimiento familiar reciente o quizás necesitada de manifestar mi hartazgo de una vez por todas, he saltado. Imagino que la persona que ha recibido mi rechazo, será lo suficientemente inteligente para haberlo captado. Aunque ya se sabe que no existe peor ciego que el que no quiere ver.
Imaginaros compartiendo conversación un día sí y otro también con una persona a la que conoces de vista y que, poco a poco, se va haciendo un espacio en vuestra vida. Pensamientos compartidos, situaciones complicadas de la otra persona para las que os salen palabras de consuelo, ánimos y esa necesidad de sentiros útiles aliviando, aunque sea sólo hablando, su carga.
Ello deriva en una relación más estrecha, personal, donde ambas partes muestran algo más de su vida. Datos, fechas, familias y por fin, todo abonado para que crezca la flor de la amistad.
Un día viene a tu casa, otro vas a la suya, se conocen nuestros hijos, se llevan bien y piensas: fantástico!!!!.
Con el transcurso de las semanas observas que siempre la otra parte es más vivaracha, más habladora, más acaparadora pero como tú en ese momento tampoco te encuentras bien, te dejas llevar por la inercia de esa píldora de felicidad que el otro te ofrece en forma de anécdotas, más interesantes que las tuyas, más divertidas... que consiguen alejarte de problemas en los que no quieres pensar.
Al cabo de los meses, sabes todo de la otra persona pero sientes que ella a ti, no te conoce, al menos no como tú a ella porque todo ha girado en torno a sus vivencias y, en raras ocasiones, has tenido la oportunidad de contar algo tuyo y cuando lo has hecho, otras palabras se superponían a las tuyas condenñandolas al olvido. Tampoco le das más importancia. Prefieres escuchar antes que hablar.
Y en el devenir del tiempo, llegan fechas especiales: cumpleaños de la otra persona. Quieres que sepa cuánto valoras su compañía y buscas algo que le guste, que sea original y al mismo tiempo tenga algo de esa impronta personal con la que te gusta hacer las cosas. Y descubres que tu regalo pasa sin pena ni gloria a las otras manos, en su delicado y elaborado envoltorio que con tanto cariño has preparado, relegado en su bolsa, para pasar a escuchar más historias divertidas, más anécdotas que, no sabes porqué no te hacen maldita gracia.
Cuando te quedas sola, rumiando, la maravillosa tecnología te trae en forma de mensaje de texto un gracias tardío que a ti no te llena. Pero bueno. Aceptas que la frenética actividad de esa persona y la vorágine de situaciones que vive la hacen pasar de puntillas no sólo contigo, sino con todo en general. Pero el demonio del lado izquierdo de tu cabeza elabora una mueca mientras te suelta en el subconsciente: "Ya. Piensa lo que quieras pero esta persona no merece la pena".
Pasado el tiempo y en una de esas vueltas de la vida, recibes un golpe que sin ir directamente contra ti, te deja noqueada. Buscas consuelo en esa otra persona y... justo en ese momento, ella tiene algo importantísimo que compartir contigo.
El ángel bueno de la derecha de tu cabeza te susurra: "Mejor. Lo hace para que no te entristezcas". Mientras el demonio se ríe, con razón, y canturrea "Ya te lo dije".
Al ver que tu capacidad de atención está mermada, la otra persona aterriza brevemente para descender a tu problema y te pide que se  lo cuentes. Suspiras aliviada y conteniendo las lágrimas hablas con detalle de lo que estás viviendo y donde esperabas el abrazo, la compresión, surge un ejemplo de algo que a esa persona le ha sucedido y que vuelve a centrar la conversación en ella.  "Menos da una piedra" - dice el ángel. "Estás hablando con una pared" - dictamina el demonio. Y yo, ilusa, prefiero quedarme consolada con el ángel. Sería inconcebible que contando lo que he contado, esa persona no estuviera oyéndome y empatizando con mis sentimientos.
Pero mi demonio se encarga de recordarme que "oír y escuchar no es lo mismo".
Con las fiestas navideñas llega un paréntesis en el que esa persona orbita en una onda que no es la mía. Breves conversaciones escritas para preparar el reencuentro que llega, ansiado por la otra parte y para mí como algo inevitable como la lluvia en invierno.
Felicitaciones y un auténtico chaparrón de palabras suyas acompañadas de movimientos míos de cabeza. Sigo oyendo sin escuchar (qué razón tienes demonio), y por fin, in extremis, me pregunta por aquello que me mantiene apática, triste y constato que me pregunta cosas que ya dije, que ya conté con pelos y señales y que para ella son nuevas. Y estoy convencida de que no quedarán en su mente más allá de este encuentro porque sólo existe ella misma.
Porque llevo meses tratando de hablarle a una pared. Pensé que donde ahora cuelgan adornos, fachada y pintura, había una puerta. Me había convencido de que la tenía abierta y que podía oír a través de ella a otra persona y ella mí. Pero esa puerta, sólo estaba en mi imaginación. Y me dan ganas de golpearme la cabeza con ella.
Pero sólo conseguiría un dolor terrible y que la pared siguiera allí, exhibiéndose en todo su esplendor, sin un sólo desconchón siquiera.



26 diciembre 2013

Luz

Tras la pausa navideña, he querido traer hasta mi rincón la reseña del trabajo de mi amigo Ángel Sanz:  "Luz". Y al definirlo como trabajo, no sólo como libro, lo hago en la completa extensión de la palabra.
Como sucede con toda obra literaria, hay algo más allá del libro que finalmente llega a nuestras manos, en el proceso creativo que culmina con su publicación.
En este caso particular, "Luz" fue concebida hace  diez años por su autor, como una respuesta personal a un artículo de opinión publicado por el siempre grande Antonio Gala, que versaba sobre el dolor de una madre ante la pérdida de su hija, asesinada de forma violenta siendo apenas una niña. Esta madre era Mª del Mar Bermúdez y su hija, Sandra Palo.
Con esta semilla, Ángel concibe una historia inicialmente protagonizada por una madre que también pierde a su hija en circunstancias similares y como contrapunto habla también de otra madre, la del asesino, y de como ambas quedan destrozadas, rotas por el dolor buscando  respuestas que reconcilien sus vidas.
Documentación sobre casos parecidos, visionado de películas, leyes que se aplican (o no) en estos casos, consecuencias, construcción de personajes, escenarios... un arduo trabajo que se inicia mucho antes de plasmar en papel la historia final.
Una vez seleccionados los aspectos que se quieren exponer, porqué y con qué finalidad, queda decidir el cómo. Ángel tiene un gran bagaje teatral tanto como actor, como director, y la visualización que tenía de la historia, para que fuera más real, más auténtica, más cercana, era su representación teatral.
Si ya es difícil construir una historia en el género narrativo, imaginad hacerlo dramatúrgicamente. Todo un reto que su autor consigue en una magistral obra teatral de dos actos.
En el primero, la protagonista es Maitos, una mujer que acaba de ser informada de que la desaparición de su hija Luz ha terminado con el hallazgo de su cadáver ultrajado.
Apoyada por su abogada y psicóloga Gema y la asistente de ésta, María, irá desgranando poco a poco detalles de su vida marital y familiar que le revelarán que, a su vez, ella también es una víctima.
Por otra parte está Lucía, la madre de Rubén, detenido como principal culpable de la muerte y violación de Luz. La visita de Lucía a la cárcel donde está recluido su hijo en busca de respuestas a una conducta tan inhumana, la llevarán a conocer la verdad de lo sucedido con la chica mientras rememora cómo ella misma huyó de su país huyendo de una violencia que, como la mala hierba, se resiste a salir de su vida.
Esta primera parte se cierra cuando Raúl, ex marido de Maitos, tomándose la justicia por su mano, asesina a Rubén mientras es conducido a los juzgados.
En el segundo, acto, el protagonista absoluto es Raúl que, a petición del fiscal Roberto, relatará los motivos que le llevaron a no dejar que la justicia "legal" siguiera su curso.
En este punto, Maitos se nos revelará como doble víctima: Por una parte, por la crueldad de unos desalmados que acaban con la vida de su hija; Por otra, por una sociedad que le reprocha hipócritamente que su marido haya obrado fuera de la ley aunque tampoco le ofrezca garantías de recibir auténtica justicia.
Sólo esa capacidad innata de la mujer para el perdón, reconciliará ambas partes valiéndose de una instante de contricción entre ambas madres.
Un texto de plena actualidad, reivindicativo, maduro y de una crudeza dolorosa.

Calificación: Sobresaliente.
Para reflexionar intensamente.
Lo mejor: La fuerza de sus personajes; la verdad desnuda de los hechos; su conmovedor final; sus posibilidades cinematográficas.
Lo peor: Que al estar escrita como una obra de teatro alguien recháze su lectura por creerla dificultosa.

18 diciembre 2013

AÑORANZAS Y PESARES (II): "La Roca del Adiós"

"La Roca del Adiós" es el segundo tomo de la saga Añoranzas y Pesares iniciada con "El trono de huesos de dragón" del autor Tad Williams.
A diferencia de otros autores, Williams no inicia este relato poniéndonos en antecedentes de lo sucedido en su anterior libro sino que arranca con un impactante prólogo que bordea el género del terror como jugoso adelanto de lo que más adelante acontecerá en el reino de Osten Ard.
Se continúan las historias desde el punto en que quedaron para saber la deriva de las decisiones o situaciones que llevaron hasta ellas a sus personajes, para agilizar de esta manera la narración y avivar la sensación de urgencia que tienen  por alcanzar sus propósitos.
De esta forma, se gana agilidad narrativa y podemos introducirnos más en las distintas experiencias de los protagonistas, saber más del peligro que amenaza todo su mundo conocido y su lucha contra reloj por impedir que eso suceda.
Pese a la infinidad de cosas que suceden, parece que temporalmente todo se ha desarrollado en apenas unos meses lo que resulta incongruente en algunos aspectos si bien se disculpa al desarrollarse en un mundo totalmente imaginario.
Williams pone toda la carne en el asador y puebla la amenaza del reino de seres de pesadilla, un auténtico bestiario digno de un relato de terror, al que los protagonistas, humanos o no, se enfrentan con mayor o menor fortuna creando paralelismos con las luchas intestinas de cualquier territorio real, con sus reflexiones sobre la vida, la religión, la amistad y, en menor medida, el amor.
La historia atrapa si bien su construcción literaria, especialmente en la transición de tramas, resulta un poco caótica. A veces pasa tanto tiempo desde un suceso hasta que sabemos su continuación o consecuencias, que desconectamos con ese personaje. Esto sucede mucho con Miriamele y Geloé (ambos personajes femeninos).
En cambio, el Simón que se mueve por toda la trama ya no es el chiquillo atolondrado e infantil del primer libro. Ha madurado, se ha vuelto más reflexivo y aporta contrapuntos muy interesantes con los personajes más adultos.
Cobran gran importancia los seres de leyenda, los "Sitha" y con ellos el descubrimiento del sentido de pérdida que aboca a todos los habitantes que pueblan el reino de Osten Ard a la lucha en uno u otro bando.
Calificación: Notable
Una continuación imprescindible para perderse sin prisas. Es necesario leer el primer libro y a ser posible empezar este tras su lectura para no perder detalle.

Lo mejor: La personificación de la maldad y la corrupción; su reivindicación de recuperar los paraísos perdidos; el espíritu de superación que siempre está presente pese a las dificultades.

Lo peor: Las transiciones entre tramas; cierta reiteración de aspectos claros y su falta sin embargo de rememorar antecedentes importantes.

02 diciembre 2013

Swing both ways

Hoy voy a hablaros de una joya musical que recientemente se ha editado: el último trabajo del "niño malo" del british pop Robbie Williams.
Su último trabajo, "Swing both ways" es de esos destinados a sobrevivir al tiempo por su cuidada selección de clásicos versionados por la portente voz de Williams y seis temas inéditos del cantante en la misma línea que el resto que conforman el disco.
Retoma de esta forma un revival que le funcionó muy bien cuando cantó a dúo con Nicole Kidman aquel "Something stupid".
El acierto de su selección es sin duda las fechas navideñas, donde esta música resulta de lo más evocadora cuando la nostalgia nos invade. Desde luego comercialmente, ha dado en la diana.
Si además se apoya con voces femeninas solventes y que se fusionan a la perfección con la portentosa de Williams (Lilly Allen Kelly Clarkson entre otras, también algunas masculinas). Tenemos un album redondo, digno de escucharse de principio a fin y para los más valientes, incluso bailable a la manera de los grandes musicales de Hollywood.
Su tema de presentación, "Go Gentle", dedicado a su hija, es una auténtica joya en cuyo video Williams se permite mostrarnos que esta nueva aventura en que se embarca, es sólida, auténtica y muy, muy suya.
De una cosa estoy segura: abandonar Take that, fue la decisión más inteligente que tomó en su vida.