30 enero 2014

El último asalto

Podrá gustar más o menos.
Podrá parecernos más o menos soberbio.
Podra pararecernos pedante o irritante.
Lo que nunca ha conseguido Pedro J. Ramírez es dejarnos indiferentes.
Personalmente, yo he sido una fiel seguidora suya desde mi época estudiantil, cuando entonces era el director de "Diario 16", consiguiendo dar una imagen renovada, fresca e informativa a un rotativo que estaba condenado al cierre.
De poco sirvió su validez profesional pues su investigación sobre los GAL, durante el gobierno de Felipe González, le llevo a su cese como director del periódico y a ser víctima de una campaña de desprestigio personal mediante la aparición de un video, grabado con cámara oculta, donde aparecía manteniendo relaciones sexuales "fuera de lo habitual" y distribuido anónimamente.
A pesar de este duro golpe contra algo tan sagrado y reconocido constitucionalmente como "derecho a la intimidad", resurge con fuerza creando en 1989 el diario con mayor tirada en España, pionero en el periodismo de investigación, "El Mundo", a cuyo mando ha estado la friolera de 25 años hasta ser, de nuevo, destituido de forma sorpresiva en la tarde de ayer.
Propulsor de una forma de ejercer el periodismo agresiva y hasta sus últimas consecuencias en la búsqueda de la verdad, a él se deben la difusión informativa de los mayores escándalos de la sociedad política y monárquica producidos en los últimos años en España, hecho que le ha granjeado no pocos enemigos entre compañeros de gremio.
Lejos de arredrarse, usaba como tribuna su "Carta" de los domingos para enviar señales que despertasen a la aletargada sociedad española y de prudencia contra aquellos que iban dirigidas.
Encomiable la elección de sus citas diarias en la cabecera de su periódico, toda una declaración de intenciones a los ojos de los lectores más avezados.
Si bien ha pecado en no pocas ocasiones de nadar y guardar la ropa, estoy convencida que no tanto por miedo como por seguridad de la fuente/s de que se nutría, inició a finales del año pasado una renovación en la forma de ofrecer la información de su diario beneficiándose del uso de las redes sociales y las nuevas tecnologías y contando, como pocos, con la siempre constructiva aportación de sus lectores, tanto la crítica (ésta más si cabe) como la favorable, y consolidando su alianza informativa con otros medios que trabajan en su misma línea editorial como Libertad digital.
Tengo el convencimiento de que él ya tenía asumido que esto iba a suceder, más bien pronto que tarde, y que pese a que algunos hoy den palmas con las orejas por haberlo quitado de "circulación", en realidad está preparando un último combate, más elaborado, más eficaz y contundente del que deseo salga victorioso.
Nada tiene que perder.
Le quitaron su intimidad.
Le robaron su tribuna de opinión/ información hasta en dos ocasiones.
A la tercera, va la vencida!!!



24 enero 2014

PALABRA DE AUTOR: Emilio Casado

Por primera vez, después de casi diez años habitando en soledad esta buhardilla, he recibido una grata visita, virtual, pero visita. Y he aprovechado la ocasión para dar salida a una de esas cosas pendientes que uno quiere hacer en la vida antes de morirse.
Siempre he estado muy ligada a la literatura en general, y la escritura en particular.
Escribir para mis padres, no era una opción seria de ganarse la vida, ni mucho menos convertirme en actriz cuando así me lo planteé al descubrir el mundo del teatro.
A medio camino, había un trabajo que no me disgustaba: el periodismo.
Para cuando me planteé esa decisión en firme, y por circunstancias que no vienen al caso, no pude estudiar ni prepararme para ejercer.
Dentro de ese oficio, siempre he admirado al periodista que realiza una entrevista: tiene la oportunidad de estar cerca de una persona conocida a la que admire y saciar su curiosidad, al tiempo que informa de sus impresiones y del resultado de las mismas a sus lectores.
Hoy, al menos en el tiempo que le dedique a escribir este post, voy a convertirme en periodista para saciar mi curiosidad y presentaros a un autor que lleva a sus espaldas dos novelas publicadas y una en preparación: Emilio Casado.
Hace algunos año y por mediación de otro escritor y amigo, Francisco Arsis, autor de "El pasajero del tiempo", reseñada también en el blog, me llegó una solicitud de amistad por Facebook de Emilio.
Este escritor madrileño por aquel tiempo, el acababa de sacar su primer libro, "Crónica insignificante", y yo me dediqué a conocer un poco más  a la persona que había tras el autor.
Gratamente sorprendida por su cercanía, sus gustos musicales (algunos de ellos comunes), y lo fácil que era mantener conversaciones virtuales con él, tuve el privilegio de seguir los pasos que dio para dar a luz al que sería su segundo libro, "Nina", que ya sólo por el título me atrajo (me evocaba uno de mis personajes teatrales más queridos), así como los fragmentos con los que nos obsequiaba desde su página, alimentaron mi sed de conocer la historia que vio la luz por fin en diciembre del 2013.
Quedé impactada por su fuerza, su estilo y la demoledora historia hasta el punto de adquirir su trabajo anterior, que hasta entonces desconocía. Tras su lectura puedo afirmar, con toda seguridad, que estamos ante un autor solvente, digno de ser conocido y reconocido por su buen hacer.
A fin de poner mi pequeña aportación al proceso, le invité a responder unas sencillas preguntas para publicarlas en el blog.
Sin dudar, me ofreció todas las facilidades del mundo y hoy, comparto con vosotros la experiencia y os animo a conocerle un poco mejor y a que, si aún no lo habéis hecho, os asoméis a conocer sus trabajos.
Estoy segura de que os resultará gratificante.

  Tu primera novela publicada es “Crónica Insignificante”. ¿Comienza con ella tu andadura narrativa o tiene precedentes?
Con 20 añitos o así escribí otra, «El rey de bastos». Si quisiera hacer algo con ella, y teniendo en cuenta lo listo y exigente que me he vuelto en estos años, necesitaría un buen lavado de cara.

En poco más de dos años has publicado una segunda novela, “Nina”, ¿eres de esos autores que siempre tienen una historia esperando en el cajón o de los que parten de una hoja en blanco cuando comienzan un nuevo proyecto?
En el tiempo en el que escribes una novela, si estás medio despierto, aparecen siempre las ideas nuevas.
Verás, nada más terminar «Crónica  insignificante» comencé un proyecto nuevo:  «Asesinos de Serie». El asunto es que, cuando llevaba casi doscientas páginas, «Nina» vino a mí. Con mucha insistencia. Conclusión: tuve que dejar inmediatamente aquel proyecto para poder ponerme al 100% con «Nina». Segunda conclusión. «Asesinos de serie» descansa, a medio terminar, en un cajón. Esto nos lleva a otro problema: Antes de terminar con «Nina» ya tenía en la cabeza una idea que casi era capaz de quitarme el sueño. Tercera conclusión: después de acabar Nina, en lugar de retomar «Asesinos de serie» comencé un proyecto nuevo. Así que ahora estoy metido hasta las cejas en mi nueva novela y «Asesinos de serie» me mira con gesto triste desde su cajón entreabierto.
De cualquier manera, era un proyecto que me gustaba mucho, así que es una historia que, de una forma o de otra, terminaré.

El nombre del protagonista de tu primer libro es Marcelo Suelas. Por la deriva de la historia, podemos llegar a intuir por qué decides llamarle así. Pero en tu segundo libro, la protagonista se llama Martina, sin embargo, en lugar de utilizar el diminutivo “Tina” usaste el de “Nina”. ¿Por qué?
En realidad, el primer diminutivo que acudió a mi cabeza fue el de Nina, y me enamoró, así que lo que me tocó hacer después fue encontrar un nombre al que asignárselo. Martina me pareció genial. Los diminutivos, al fin y al cabo, son maleables y cambiantes, dependen mucho de la dicción de los hermanos pequeños.

Ambos personajes son de algún modo “perdedores” en la vida y “víctimas” de sus decisiones y/o acciones. ¿Qué tienen en común contigo como persona? ¿En qué se diferencian?
Nina y Marcelo tienen en común solo una cosa, tan simple como fundamental: los dos han salido del mismo sitio. 
A medida que escribía «Nina» he tenido tiempo de pensar en muchas de las cuestiones que afectan a mi escritura y una de ellas, sin duda de las más importantes, es el tema que trato en mis narraciones. Creo que el concepto de la justicia y de la validez o invalidez de las acciones y decisiones que tomamos es una de las cuestiones que más viene a visitarme. Casi diría que, a veces, me obsesiona.
Creo que este es el eje central sobre el que giran las dos novelas: decisiones, acciones, responsabilidades, castigos, beneficios…  Si te planteas unas cuantas preguntas sobre «Crónica insignificante» o sobre «Nina» seguro que, alrededor de la mayoría de ellas, orbitan los términos «justo» o «justicia».
                Al hilo de esto, creo que, casi con toda seguridad, el título de mi próxima novela, para no perder la costumbre, será: «Justicia» o una frase corta en la que se incluya esta palabra. (Esto es una primicia; aunque de aquí a que la termine me reservo el derecho a cambiar de opinión es este aspecto). :D 

¿Cuándo decides autopublicar tus novelas y por qué? ¿Es tan difícil acceder a que te publique una editorial?
Después de varios rechazos te vas haciendo a la idea de que autopublicar es la única posibilidad que te queda. 
Hoy en día está Amazon, que no es que sea ninguna panacea  pero es el único derecho al pataleo que nos queda. Y además te proporciona lectores que, al menos es mi caso, es uno de los alicientes más importantes, uno de los motivos que hacen que escriba.
Acceder al mundo editorial, hoy por hoy, es prácticamente imposible. Estamos hartos de cruzarnos con esta afirmación en prensa, en televisión, en Facebook, en tertulias con amigos... Lo que no tengo del todo claro es si, de verdad, asumimos su significado: «Prácticamente imposible» significa justamente eso: PRÁCTICAMENTE IMPOSIBLE. Y hay que entender que eso  viene a significar que consigue publicar uno de cada dos mil o tres mil autores.
Y eso es muy poco.

¿Sigues alguna metodología para escribir tus historias? (Documentarte, desplazarte o visitar lugares de los que vas hablar, entrevistar a personas que ejercen los oficios que luego tienen tus personajes, contar historias que sabes modificando los nombres de sus auténticos protagonistas) ¿o prefieres que la historia fluya a partir de una idea, una anécdota o un hecho real?
Mi metodología consiste en observar e interiorizar. Poco más. Observo comportamientos, reacciones, historias, movimientos… todo lo que suceda a mi alrededor. Después, cuando escribo, simplemente hurgo en mi cerebro a ver qué es lo que encuentro.

Te mueves bien en el género de la comedia negra y el thriller, incluso tienes talento para el relato de terror. ¿Qué géneros te gusta leer?. ¿Cuáles son tus autores favoritos?
He leído de todo, de muchos géneros. Como con la música, he pasado por muchas etapas. De cada género o de cada autor se pueden extraer enseñanzas provechosas. No tengo autores favoritos de la misma manera que no tengo músicos favoritos porque eso podría suponer caer en la peligrosa tentación de excluir a otros sin darle la oportunidad que merecen.

Afortunadamente tus dos novelas han tenido muy buena acogida entre los lectores, siendo la mayoría críticas favorables. ¿Eso ayuda o acomoda a un escritor?
Procuro no tomarme demasiado en serio las alabanzas y hacer algo más de caso a las críticas. Pero, sobre todo, procuro ser muy exigente conmigo mismo. Creo que la única manera que uno tiene de avanzar realmente en la vida es a través de  la autocrítica sincera y severa.

 Actualmente estás trabajando en tu próxima novela. ¿Podrías adelantarnos un poco algo sobre su trama?
Es una novela coral, con historias entrelazadas, en la que hablo de la situación en la que se encuentra hoy en día esta cosa tan compleja que llamamos sociedad. Una especie de radiografía transversal. Tiene ingredientes de thriller y de postal costumbrista. Es un proyecto que me tiene completamente absorto.
La trama es secreto de estado.

¿Te gustaría que tus historias se llevasen a la gran pantalla? En caso afirmativo, ¿firmarías tú el guión o te limitarías a supervisarlo?
De guiones aún no entiendo, aunque nunca es tarde para ponerse a ello.
Es algo en lo que he pensado alguna vez. Marcelo Suelas sería Quim Gutiérrez o Eduardo Noriega… creo que mejor Quim Gutiérrez. Nina sería Leonor Watling o María Valverde o Ariadna Gil… o María Dolores de Cospedal… qué sé yo...
Me encantaría ver a Marcelo o a Nina en la gran pantalla, claro que sí. Sería una experiencia genial y seguro que me forraría, que, al fin y al cabo, es de lo que se trata.

22 enero 2014

Crónica Insignificante

Acabo de terminar el que fuera el libro que dio a conocer a Emilio Casado"Crónica insignificante" , y sólo puedo decir que estoy admirada de la versatilidad de su autor para moverse en distintos géneros.
Si en su segundo trabajo, "Nina", también reseñado en este blog, nos presentaba un thriller negro, en "Crónica insignificante" nos introduce en una comedia negra, muy en la línea de los buenos libros de Eduardo Mendoza.
El protagonista, Marcelo Suelas, es un retrato veráz de un tipo corriente y anodino, cuarentón, recién separado, con un trabajo nada especial y que ve a su hija en el régimen establecido por su ex mujer.
Esto lo convierte, desde el principio, en un personaje cercano, entrañable con el que empatizamos de inmediato.
Para colmo de males, sus recursos económicos le obligan a renunciar a vivir independiente por lo que regresa a vivir a casa de sus padres ocupando el mismo cuarto que le vio crecer y que su abnegada madre mantiene intacto desde que él lo abandonase para casarse.
Y pese a todo, es un tipo que sabe reírse de sí mismo, que nos contagia su ironía y con el que no cesamos de disfrutar en todas y cada una de sus calamidades.
Es el extraordinario retrato del personaje y todas y cada una de sus circunstancias personales, laborales, familiares y sentimentales lo que hace significativamente amena su lectura, convirtiéndonos, sin darnos cuenta, en cómplices silenciosos que elevan la rutina al grado de aventura cotidiana moderna.
Plagado de personajes muy bien estructurados y reales como la vida misma, de situaciones que, en mayor o menor medida, pueden fácilmente compararse con episodios similares nuestros, nos transformamos en Marcelo. Lo sentimos dentro. Es algo mágico de lo que pocos autores pueden vanagloriarse y que Emilio Casado consigue con esta historia.
Pero todo lo bueno acaba, toda acción tiene su consecuencia y, en el caso de Marcelo, llega un momento en que de pronto, sentimos que algo ha sucedido, que algo ha cambiado.
Imaginad por un instante que os encontráis disfrutando plenamente de de algo, nada especial ni ostentoso, pero que os hace felices. De repente, suena el teléfono y acudís a cogerlo aún con una sonrisa en la cara que, poco a poco, inevitablemente, se os va borrando del rostro a medida que escucháis la noticia que os da vuestro interlocutor, hasta el punto deque se os cae el auricular de las manos y os encontráis en un estado de shock, perdidos y momentáneamente  desconcertados y sólo acertáis a decir: "¿Cómo?"
Igual sucede en un momento de esta historia.
De repente, un giro inesperado lo transforma todo y nos pilla desprevenidos. Hasta tal punto nos hemos introducido en el relato que nos sucede como al protagonista: nos quedamos en blanco.
Un tanto para el autor, que nos ha manipulado hábil e inteligentemente, tal como hace el personaje de Bruno Montalvo con Marcelo Suelas.
Y volvemos de golpe a la realidad.

Nota: Notable alto.
Para los amantes de la ironía delirante. Altamente recomendable.
Lo mejor: su protagonista; La ironía y el humor negro que plagan la historia; Todos y cada uno de los personajes que orbitan en el mundo de Marcelo especialmente su madre; La comida dominical con el párroco del barrio;
Lo peor: que el giro abrupto de la historia, pese a su genialidad narrativa, cambia el tono del relato desvirtuando un poco a algunos personajes.

Si tú también quieres sentir cómo es Marcelo Suelas, pincha en el enlace para comprarlo a un precio de auténtico regalo aunque, ni mucho menos, del que realmente vale:
Para ebook:
http://tinyurl.com/Cronicainsignificantedigital
En papel:
http://tinyurl.com/Cronicainsignificantepapel

16 enero 2014

Escuela de padres... ¡YA!

ue los chavales lean es algo hoy día que hay que valorar y mucho.
Que con doce años sus lecturas sean "50 sombras de Grey" o "Los pilares de la tierra", ya es más preocupante.
¿Qué demonios les pasa a los padres de hoy en día?
Sí, las cosas, indudablemente no son como antes.
Pero los niños son niños. Bastante rápido crecen como para que nosotros les forcemos a ello o aceleremos este proceso paulatino y natural.
Hay tiempo para todo en la vida. Hasta para hartarse.
Equivocamos con frecuencia que tengan acceso a información con darles un exceso de la misma.
Recuerdo el caso de un padre que a su hijo de cuatro años, muy espabilado, todo sea dicho, su padre le dejaba jugar a la consola. Bueno. Hasta ahí normal (o no). Pero que el juego que le gustaba al niño fuera el "Resident Evil"...
Y ya no hablemos de la forma de vestirlos hoy en día. Como adultos en miniatura.
Tampoco soy partidaria de ponerles miriñaques como hacían nuestras abuelas, o vestir a los niños con peto corto incluso en invierno con medias por encima de la rodilla pero de ahí a que sean "fashion victims", va un trecho.
Cenando el otro día en una cadena de comida rápida con mi costillo y los niños, vimos un grupo de chavlines, todos más pequeños que mis hijos. Las niñas 8 añitos y los niños unos 10. Pues una de las niñas llevaba unas botas... con tacones!!!!! ¿Tanta prisa tiene esa madre porque su hija se deforme la columna vertebral aparte de con esas mochilas que parecen troleys para viajar un fin de semana?
Me pareció ridículo.
Lo peor es que el suelo ese día estaba húmedo en la zona de juego infantil que tienen habilitada estos establecimientos. La caída de culo que tuvo la niña con las dichosas botas, fue de aupa. Menos mal que los niños son de goma.
Eso sí, la madre, ni se inmuto. Debía ser tremendamente interesante la charla que tenía por su móvil de última generación.
#Parahabernosmatado

14 enero 2014

Un día gris

un día más, de una semana más, de un mes más.
Un mal despertar sin que la culpa la tenga ninguna pesadilla.
Cansancio, tedio, desgana... cualquier sinónimo de estas palabras puede perfectamente describir las ganas con que he comenzado el día: ningunas.

He llegado a la conclusión de que. al igual que los osos, hiverno.
El calor que puedo sentir es impostado por prendas de abrigo, por una temperatura determinada por el termostato de la calefacción. Y mi mirada apagada, es buena prueba de ello.

Un café que bombardee mis adormecidas neuronas perdidas en pensamientos dispersos.
Fumar un cigarro sin importar que las agujas del reloj corren marcando el poco tiempo que tengo para ponerme la cara de trabajo.
Y al mirarme al espejo, encuentro cualquier cosa menos eso.

Abrir el armario que me abruma con su contenido hasta el mareo. Demasiado color o demasiado negro. Demasiado abrigado o demasiado ligero. Sin urgencia, sin prisas, revuelvo para terminar poniéndome lo que más a mano tengo.
Ni siquiera voy a arreglarme el pelo.

Sumerjo el rostro en el agua fría que contengo apenas entre mis manos. Un alivio momentáneo y ligero. Froto las palmas con el jabón para que elimine la suciedad que siento y que no veo. Una caricia de crema con un aroma que conforte la tirantez que siento.
Unos pendientes que alegren la careta que llevo.

Me calzo unos zapatos bajos que no aprisionen mis dedos. Cubro mi garganta con la lana de una bufanda a modo de consuelo de ese abrazo que necesito y no tengo.
Me cubro con un abrigo de cuerpo entero, cálido y ligero.
Hoy el bolso pesa como si llevase ladrillos dentro.

Salgo y la lluvia me saluda. Yo la esquivo con mi paraguas como parapeto y camino hacia la parada del autobús mientras vaharadas de vapor y humo salen de mis labios resecos.
El viento azota mi cabello pese a llevarlo sujeto.
Ahogo su lamento subiéndome el cuello del abrigo sin éxito.

Quiero llorar y no puedo.
Quiero gritar pero no debo.
Camino despacio.
Al final, como cada día, como cada semana, como cada mes, llego.

Quiza más que yo, mi cuerpo.


13 enero 2014

La reina descalza

Vuelvo a hablar de uno de mis autores favoritos, Ildefonso Falcones, tras leer su último trabajo, "La reina descalza".
Una vez más, hay que rendirse a la maestría que ha perfeccionado desde su primera novela que en su día también reseñé en el blog, "La catedral del mar", para narrar ficción histórica.
En esta ocasión nos trasladamos a la España del S. XVIII, con la llegada de Caridad, una exclava de los campos de algodón cubanos, a Sevilla, donde a la muerte de su amo, recibe una carta de libertad de la que no puede hacer uso por su condición de extranjera, el color de su piel y la ausencia de recursos económicos.
Alentada a acudir a la cofradía de "Los negritos" donde se reunen y conviven todos sus compatriotas, encuentra el rechazo entre ellos y se ve avocada a recorrer las calles en busca de una forma para buscarse la vida elaborando tabaco, como hacía en su tierra.
Es en estas calles donde su destino se cruzará con el de una joven gitana, Milagros Carmona, que vive en los barrios de los gitanos herreros en Sevilla, que se gana la vida bailando con su madre al compás de las canciones de su raza. Entre ambas se creará un vínculo especial que las ayudará a afrontar una veces con picardía, otras con dolor y la mayoría con cariño, los cambios que se van sucediendo en la vida de ambas.
El retrato de dos mujeres que afrontan de forma valiente y distinta la vida, complementándose para componer un canto a la libertad amargo, cruel y desgarrado.
Falcones teje un rico mosaico costumbrista no exento de recriminaciones a la sociedad española de entonces, cuyos ecos tienen aún hoy reminiscencias en la sociedad actual.
Un revelador relato de una persecución poco conocida, la cometida contra la etnia gitana, injusta y a todas luces innecesaria.
Una condena al rechazo de todo aquello que por diferente y desconocido supone una amenaza.
La eterna lucha entre razón y corazón, deber y obligación, obediencia y sometimiento, poder y miseria.
Una historia potente, racial, poblada de personajes inolvidables grandes en sus aciertos y equivocaciones.
Una auténtica delicia.

Calificación: Sobresaliente.
Extraordinariamente documentada y sin embargo asequible por la cercanía que transmiten sus personajes.
Lo mejor: Sus personajes; su ambientación; la capacidad de evocación que provoca cada una de sus descripciones.
Lo peor: Que pese a ser ficción, se narran hechos que ocurrieron en realidad lo que ofrece una visión triste de la sociedad de la época.



02 enero 2014

Nina

Mañana se cumple exactamente un mes desde que vio la luz "Nina", el segundo trabajo del escritor Emilio Casado Moreno.
Un lanzamiento que yo llevaba anhelando mucho tiempo tras haber tenido la oportunidad de seguir su proceso de elaboración desde su primer capítulo, los pasajes que su autor nos iba adelantando en su página, la maquetación previa a su salida y, por fin, su llegada de imprenta.
Ha sido como conocer la buena nueva del embarazo de alguien muy querido, acompañarle durante su gestación y viendo la evolución favorable del mismo, compartir la alegría de recibirlo en tus brazos por primera vez.
Precedida por un argumento absolutamente llamativo y desafiados por las palabras de su cubierta:
Ella no puede recordarte.¿Serás tu capaz de olvidarla? .
nos adentramos de lleno en sus páginas ávidos por conocer a la protagonista, una mujer que ronda la cuarentena  que se encuentra recluida en un sanatorio mental tras sufrir un "shock post traumático". Sufre una pérdida de memoria severa que la incapacita para saber su identidad o los motivos que la han llevado a ese lugar y, por si fuera poco, cada día, cuando despierta, es incapaz de recordar lo que sucedió el anterior.
El único nexo de unión que le permite discernir un día de otro es la extraña visita de un ser alado que todas las noches acude a su habitación para contarle historias crueles y violentas para mortificarla y de las que  Nina no puede olvidarse muy a su pesar.
Es admirable la capacidad de Emilio para hacernos partícipes de esa angustia vital de la protagonista y de sus esfuerzos por buscar los medios que la hagan recuperar su identidad.
Se nos muestra así una Nina desvalida, frágil, con la que no resulta difícil congraciarse, entenderla en su sufrimiento y desear que alguien acuda en su ayuda.
Ésta se presenta de la mano del personaje de Boris, un interno del sanatorio que encuentra en Nina la ilusión para afrontar su particular infierno diario, asumiendo como reto diario  conocerla un día tras otro aunque con desigual suerte.
Queda así definida la primera parte del libro donde la audacia del autor para desarrollar la intriga y los personajes nos engancha sin remedio mostrándonos con crudeza su realidad, sus sentimientos y su forma de enfrentarse a ellos.
La llegada de un doctor nuevo, Rodrigo Ortíz,  con medios alternativos para tratar el caso de Nina
 nos introduce de lleno en la segunda parte de la historia.
Aquí comienza a latir el pulso desaforado del relato que se transforma  en una pesadilla oscura y opresiva que nos quita el aliento.
Las manifestaciones del extraño visitante nocturno se hacen más brutales, sacando de la protagonista una rabia contenida y unas respuestas viscerales que nunca hubiéramos imaginado en ella.
La estancia en el sanatorio pese a la paciente ayuda de Boris, comienza a hacerse insostenible y claustrofóbica y el autor saca la artillería pesada para transmitir ese cambio brutal e inevitable que toman los acontecimientos que comienzan a coger una velocidad de vértigo.
Ya nada es lo que parecía y comienza una auténtica lucha contra reloj salpicada de personajes y circunstancias inquietantes, de intenciones dudosas que se rebelan a la posibilidad de que Nina descorra la cortina de sus recuerdos.
La acción se precipita y el instinto de supervivencia se activa en la protagonista, que muestra su lado más amoral con fiereza animal, mientras arrolla a su paso a todos los que la rodean, para culminar en el origen de su problema, en el descubrimiento de su identidad real y de los que la acompañan en este extraño viaje.
Un autentico relato de terror en su vertiente menos purista pero sin duda más aterradora: la cotidianidad.
Un estudio sobre la maldad humana y la perversión de la misma cuando carece de remordimientos o culpa.
Un thriller descarnado y cruel que nos golpea sin piedad alejándonos de los convencionalismos obligándonos a aceptar lo inevitable de los sucesos.
Una narración valiente, audaz construida de forma eficaz que se hace impresicindible para los amantes de las buenas historias.
Si tuviera que ponerle un pero, sería por la injusticia inevitable que se comete con el personaje de Boris.

Calificación: Sobresaliente
Una trama vigorosa, bien construída, que desarrolla un tipo de relato poco frecuente en nuestra literatura. Mi más sincera enhorabuena a su autor, Emilio Casado.
Lo mejor: La construcción y evolución de los personajes; su ambientación; su ritmo; su violencia; su tremendo final; Su potencia visual que sería increíble cinematográficamente
Lo peor: Que no llegue a conocerse con toda la entidad que merece.

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