29 septiembre 2015

Dies Irae: Versos, canciones y trocitos de carne (II)

Tras acabar la extraordinaria "Memento mori" con la que el vallisoletano César Pérez Gellida inició esta trilogía, abrí con avidez las primeras páginas de su continuación, "Dies irae".
Quería saber más, necesitaba continuar el viaje a los infiernos que inician en el todos y cada uno de sus protagonistas y sobre todo, saber cómo conseguiría Augusto Ledesma seguir su estela de horror y hasta qué punto mantendría su interés como para no sólo seguirlo en sus casi seiscientas páginas sino en un tercer volúmen.

Con cara de circunstancias, lo confieso, me quedé tras leer el prólogo del periodísta Jon Sistiaga que introduce esta segunda parte.
Si, está bien escrito.
Sí, habla de algo tremendo que él ha vivido y contado en primera persona.
Pero "Dies Irae", no es una narración bélica ni un ensayo sobre la guerra.. 
Por más que algunos personajes y situaciones se localicen en el conflicto de los Balcanes,.
Es una historia con muchas intrahistorias, repleta de matices, multióptica y una vez más, capaz de dar una nueva vuelta de tuerca sobre sí misma reinventándose como el propio asesino que la protagoniza.

Tras verse obligado a aceptar el cierre del caso de los asesinatos múltiples de Valladolid con un falso culpable impuesto por las concluyentes pruebas contra él que el auténtico autor material preparó, Ramiro Sancho decide tomarse un respiro en su carrerra para asimilarlo, así como la traición incompresible del que fuera su mayor apoyo en la investigación.
Cuando comienza la búsqueda de Armando Lopategui para exigirle respuestas, este no sólo estará dispuesto a dárselas sino que le confesará que en realidad, a la persona que el quiere ver entre rejas sigue con vida y ha vuelto a actuar.
Augusto Ledesma, el asesiono sociópata de Valladolid, ha viajado a Trieste para continuar con su obra de horror y sangre.

Tras superar el escollo del prólogo y un primer capítulo que, a priori, nada nos aporta, entramos de lleno en la acción con el relato de una ejecución despiadada cuyo verdugo no es el que creíamos.
De ahí en adelante, sucumbimos al buen hacer del autor y nos vemos arrastrados a recorrer distintos escenarios y ubicaciones para completar un puzzle que integra a la perfección elementos de denuncia, y realidad convirtiendo su ficción en algo vivo y palpable.
Quizá algo excesiva, una vez más, la verborrea de Lopategui y algo "pesada" cargando excesivamente las tintas en la cronología del conflicto de los Balcanes pese al encomiable trabajo de documentación que con ello aporta César.
Por fortuna, la selección musical, y la doble dimensión que cobra Augusto así como la incorporación de nuevos personajes, el desarrollo más profundo de otros y la inteligencia de la trama, nos dejan una vez más boquiabiertos, entusiasmados y dándole vueltas a su lectura aún tras acabarla, exigiéndonos continuar para saber el resultado de un duelo legendario.

Calificación: Sobresaliente.
Para amantes del género negro más despiadado.

Lo mejor: La cohesión entre elementos de la realidad con los ficticios dotándolos de una entidad tan viva que duele; el magnífico manejo de personajes y escenarios; el momento del reencuentro entre los principales protagonistas que romperá con todo lo establecido y abrirá nuevas brechas en un frente de "batalla" que parece no tener fin; que abandona los tecnicismos y se hace más asequible al lector profano.

Lo peor: Lamentándolo mucho, su prólogo; el exceso de información política y de nombres impronunciables en los escenarios del conflicto de los balcanes que llega a entorpecer el avance más fluido de la trama.

03 septiembre 2015

Memento Mori: Versos, canciones y trocitos de carne (I)

Siguiendo los consejos de una amiga del club de lectura, Sandra Zamora, y las buenísimas críticas que había leído sobre el autor, al que se le dedico un mes de lectura conjunta en el Club de lectura con un libro entre las manos, quise poner mis cinco sentidos y la parte final de mis vacaciones para acercarme al primer libro del la trilogía de César Pérez Gellida"Versos, canciones y trocitos de carne" ,que se inicia de forma extraordinaria con este título: "Memento mori".

Ambientada en Valladolid, narra la investigación y consecuente persecución que lleva a cabo el inspector Ramiro Sancho del responsable de la muerte de una joven,  que aparece con los párpados mutilados, firmando la escena del crimen con un poema que amenaza con convertirse en el primero de muchos.
Este asesino no es otro que Augusto, un sociópata culto e inteligente, para el que todo esto es parte de un plan mayor donde aquello que no alcanza su "perfección", no tiene lugar.

Creo no ser exagerada al afirmar que este relato marca un antes y un después en la concepción de la novela negra en España, no sólo por su forma de plantear la trama, más propia de la narrativa de este género extranjera, sino porque su protagonista, Augusto, se acompaña de una música particular, aquella que le define y nos hace sentir, más cerca, la realidad de los hechos con canciones de autores y grupos consagrados considerados de culto y marcada tendencia indie, tanto nacionales como Bunbury, Nacho Vegas, Iván Ferreiro, Vetusta Morla o  Love of Lesbian, como de la escena internacional como Rammnstein, Muse o Placebo entre otros, que convierten la lectura en un viaje audiovisual.

Su arranque brutal, en lo más literal de la palabra, hasta el punto de resultar incómodo en los detalles escabrosos, es toda una declaración de intenciones y un despliegue de energía que no decae hasta el final.
Ágil,  con algún exceso de tesnicismo en su incio, evoluciona hasta la configuración del tablero en el que se va a desarrollar el macabro juego mortal, con desigual suerte para sus protagonistas, tiene así mismo un marcado homenaje a las buenas costumbres de la tierra castellana y sus gentes en el personaje del inspector, algo anodino y con un humor negro, e irónico que comparte con algunos otros personajes de la trama, que aligeran con acierto, los crueles pasajes donde triunfa la muerte y la megalomanía del asesino.

Bien estructurada, con un ritmo endiablado y unos personajes tan definidos, que a veces uno llega a dudar si lo que se está leyendo quizá no sea tan ficticio como quisiéramos

Valoración: Sobresaliente cum laude.
Para mentes inquietas y necesitadas de una historia inteligente, voráz y arrolladora.

Lo mejor: Su estructura; Que los nombres de sus capítulos sean algunas frases de la enorme discografía de Bumbury; su vocación por fomentar la curiosidad y estimular la mente acercándonos a autores, cantantes y personajes que, lamentablemente, van quedando en el olvido de las nuevas generaciónes: un auténtico tributo/homenaje a todos ellos; todos y cada uno de sus personajes, Augusto incluído.

Lo peor: algún tecnicismo inicial y alguna perorata excesiva del personaje de Carapocha; que es angustiosamente real.