15 junio 2015

La última raya

Por fín pude hacerme con "La última raya",  éxito de ventas en novela de papel autoeditada con el que se ha dado ha conocer como escritor Javier Jorge.

De estilo directo y coloquial, como si estuviésemos sentados frente a su protagonista mientras nos desgrana la historia, conocemos a Rubén, un joven que ejerce como periodista de la crónica rosa social lo que le permite relacionarse en los ambientes más exclusivos e influyentes y costearse sus gastos y vicios, entre estos la cocaína, tras la ruptura con su novia de toda la vida, Angie, a la que culpa por todo aquello que no funciona en su vida porque es la persona que marca la diferencia entre lo que puede ser y lo que realmente es.
Nos atrapan sus experiencias extremas, a las que no sabe enfrentarse sino es imbuido de la falsa seguridad que le ofrece la coca, tras cuyos efectos encontramos una persona frágil, deprimida y excesivamente sensible que se oculta para la gran mayoría de las personas que le rodean.
Sufrimos las paranoias que le provocan los subidones de la droga y especialmente el inevitable hundimiento que le ahoga cuando sus efectos se diluyen.
Enfrentado a un padre que no acepta que su hijo jamás será la promesa futbolística que soñó para él, una madre a la que quiere pero a la que evita contar su triste existencia para no herirla y un hermano con el que apenas tiene relación, sus días transcurren entre el trabajo y sus fiestas, torturándose por seguir sintiendo algo por su ex novia, intentando olvidarla con cualquier mujer que se cruza en su camino consiguiendo, de este modo, culpabilizarse aún más por distanciarse a un más de una posible reconciliación que desea tanto como teme, hasta que entran en su mente unas palabras de Paulo Coelho que acabarán por convertirse en un mantra que se repite y le dan la llave para dar un giro a su gris existencia.

Calificación: Notable
Un auténtico colocón de ritmo alucinógeno en lo que es la realidad de muchos jóvenes, sin sufrir en carnes la nefasta experiencia.

Lo mejor: Su estilo directo y brutal de ritmo paranoide; los guiños a una época con las que aquellos que andamos en la cuarentena nos identificamos rápidamente; su ácido humor; el vapuleo que sufre a lo largo de la narración el protagonista, un Rubén que aunque nos irrita, terminamos cogiéndole lástima y en ocasiones hasta empatizando sin querer con él.

Lo peor: Que siendo una "crítica de" se tome como una "apologia de".

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