19 enero 2016

La chica del tren

He comenzado el año leyendo uno de los, no sin razón, mayores éxitos de ventas del 2015: "La chica del tren", un magnífico thriller que mantiene la tensión a lo largo de sus 496 páginas más allá de por el misterio en sí que envuelve desvelar el autor de un asesinato, construyendo los acontecimientos que suceden antes, durante y después del mismo, a través de la conducta de los personajes involucrados en ellos, en este caso tres mujeres. Tres potentes voces femeninas que, pese a sus evidentes diferencias, son más parecidas entre sí de lo que jamás pudieron imaginar.

Por un lado Rachel, una mujer divorciada  que afronta todos los días la farsa de acudir en tren a su trabajo para poder seguir mirando desde las ventanillas del vagón las vidas de aquellos que ahora son vecinos de calle de la casa en que ella vivía.
A sus ojos. sus perfectas vidas se suceden día a día mostrándole lo que ella no tiene.
De otro Anna, una recién casada que ha sido madre recientemente consiguiendo así una vida perfecta que ha enterrado lo que antes era sólo trabajo y aventura.
Por último Megan, una preciosa mujer dispuesta a reconducir su vida junto a su marido tras superar una gran crisis matrimonial.
La vida de todas ellas cambiará el día que Rachel vea desde su asiento en el tren una conducta fuera de lo normal en esas casas que observa, que la llevará a buscar unas respuestas a unas preguntas que jamás debió plantearse.

Con estos ingredientes, Paula Hawkins construye un relato cercano y en ocasiones opresivo donde cobra un extraordinario protagonismo, como crítica subyacente, la percepción de la vida ajena como una perfección inalcanzable para contraponerla a continuación en su más cruda y traumática realidad.
Un auténtico grito contra las apariencias, un descenso a ese sótano oscuro que habita dentro de nuestra mente distorsionando la realidad, un manual para corregir el autoengaño, para sobrevivir a la desconfianza, para identificar los miedos.
Y que mejor manera de poner en funcionamiento toda esta maquinaria que personificándola en la complejidad de la mujer, desde sus errores hasta la expiación de los mismos, salvando los obstáculos con una capacidad de adaptación innata a las circunstancias para, finalmente, mostrarla como víctima de la sociedad y del infranqueable muro culpabilidad que termina condenándola por no saber perdonarse así misma.

Calificación: Sobresaliente.
Para los amantes de la intriga psicológica.

Lo mejor: Rachel  pese al rechazo inicial que pueda provocarnos; la forma que tiene de ir desvelando la verdad en tramas individuales que confluyen en un final conjunto en el que todas encajan a la perfección.

Lo peor: Que alguien reniegue de su lectura por el extraordinario favor que le ha dado la crítica.  

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