10 enero 2007

Renovarse o morir

Ese ha sido sin duda el planteamiento que ha seguido David Shore para la tercera temoporada de House.
Ciertamente la segunda entrega, a excepción de cuatro capítulos contados, adoleció de una absoluta falta de emoción y un estacamiento de todos los personajes, especialmente del interpretado por Hugh Laurie, que se limitó a reproducir, uno tras otro, los recursos que afianzaron a su personaje desde el estrenó de la serie, lo que contribuyo a la indiferencia y decepción ante las tramas de una inmensa mayoría de los que hasta entonces, habíamos alabado la trama.
Sin embargo, el episodio de ayer que inauguró la nueva entrega del irrevente doctor y su equipo médico, resultó brillante y aportó frescura. Hugh Laurie ha desarrollado un nuevo aspecto de su personaje y sus compañeros parece que se han puesto las pilas para insuflar algo de vida a sus planos personajes. Me sorprendió y desconcertó ver al doctor House sin su muleta y sin cojera, transformándose en uno más de los comunes mortales, lo que propició esa nueva dimensión de su personaje, a la que antes hacía referencia: al erradicar el problema que unido a su mal caracter lo convertían en un "genio único", el doctor se encontraba más limitado que cuando ofrecía su imagen de minusválido. Más humanizado, más como todos, sin embargo su actitud ahora chocaba con su comportamiento menos atrevido a la hora de diagnosticar, más común, más "humano", más vulnerable. Y como contrapunto, por fin, el personaje interpretado por Robert Sean Leonard (Wilson) demostraba tener algo más que horchata en las venas atreviéndose, ya era hora, a poner coto a la egolatría del doctorcito plantándole cara a sus impertinencias y extravagancias.
Sin duda, esta temporada, dejará buen sabor de boca.


Escuchando SNOW PATROL "Chasing cars"

1 comentario:

pijomad dijo...

Yo estoy todavía por la primera temporada y no te creas que me termina de convencer.... ni siquiera en inglés...