20 mayo 2008

El laberinto de la rosa

Con este libro da su salto a la novela Titania Hardie, autora versada en libros sobre folklore y tratados esotéricos así como literatura infantil.
Ampliamente publicitado, una de las principales características del grupo editorial que lo lanza en España, Suma de Letras, y presentado como una aventura adicional a la propia lectura, para lo que se acompaña el libro propiamente dicho de los manuscritos que los protagonistas del libro emplean para descifrar la herencia oculta tras ellos, no deja de ser un intento más, de explotar los restos del filón que en su día abrió Dam Brown con su "Código da Vinci". Vamos, nada nuevo bajo el sol, donde únicamente cambian las visicitudes de los protagonistas, que parten de una hermosa premisa que hubiera sido interesante en otros derroteros pero que aquí se pierde en un intento de intriga, relleno de tantos ingredientes que se le saturan a uno las ideas y se pierden en diatribas que más bien parecen un monofráfico sobre la cábala y las ciencias ocultas, con escasa (por no decir ninguna) base científica, donde no puede faltar tampoco un complot, que viene de lejos en la historia hasta nuestros días, que más que miedo provoca la risa.
Destaca en algunos momentos cierto misticismo metafórico, algún pasaje bien trabajado pero que se torna ridículo e inverosímil a medida que avanza la historia. Mención aparte el desenlace de la historia que queda huérfano de todo cuanto pudo ser y no es.
Absolutamente prescindible.
Calificación: Insuficiente.
Lo mejor: La premisa de la que parte hasta que la autora decide tirar por derroteros más comerciales.
Lo peor: su saturado discurso aleccionador en materias que ni nos van ni nos vienen; la inverosimil capacidad de los personajes de asimilar, como si todo la vida hubiesen bebido de la fuente del conocimiento, cuando se supone que hasta que no conocen los detalles de la herencia de los protagonistas, no tenían ningún tipo de actitividad o conexión con la materia que les facilitara los mismos; Su final tan aséptico.


Escuchando AMARAL "Kamikaze"

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