20 febrero 2014

Tareas pendientes

Supongo que no soy la primera ni la última persona que, en ocasiones, se pone a pensar en aquellas cosas que aún le quedan por hacer, las que dejó por terminar, las que hizo bien/mal/regular.
En esos momentos también dejo volar la imaginación sobre aquellos objetos, ideas o cambios que pensé realizar y que, bien por falta de dinero, tiempo o ganas (esto último es más bien pereza, he de reconocerlo) aún no obran en mi poder, se quedaron en meros proyectos o directamente dejé para un momento mejor. A otras, sencillamente renuncié.
Con los años, uno se da cuenta de que a veces, aplazar las cosas, no hacerlas o relegarlas al olvido no evita que se almacenen en nuestra cabeza para volver en el momento más inoportuno. O en las circunstancias propicias o, sencillamente, cuando realmente estamos preparados para llevarlas a cabo. Depende del caso que uno quiera hacerles.
Estas son algunas de las mías:

Sacarme el carnet de conducir.- Con poco más de dieciocho años, la gran mayoría de mis amistades ya tenían el permiso de conducción y, las más afortunadas, hasta coche.
Yo no lo veía práctico y, para ser sinceros, tampoco me llamaba mucho la atención.
Mis padres no tenían coche. Siempre nos desplazábamos en transporte público y utilizábamos autocares o tren para los desplazamientos más largos.
Años después, por circunstancias de horario laboral, se me planteó de nuevo la oportunidad. Pues ni por esas. Me seducía más delegar la responsabilidad de llevarme de un lado a otro al conductor de turno mientras yo escuchaba música en mi walkman o me deleitaba con un buen libro.
Llegaron los niños. Mi costillo tiene carnet. Necesitábamos cambiar de coche. Con uno era suficiente.
Un día mi costillo tuvo un problema grave de salud que casi nos cuesta un disgusto. Él no podía conducir, lógicamente. Tuve que recurrir a la familia.
Ahí ya tuve que rendirme a la evidencia. Era necesario que pudiera conducir. Y me apunté a la autoescuela en unos horarios intempestivos, pues salgo tarde de trabajar, y en unas condiciones atmosféricas y de tráfico adversas. Teórico: a la primera. Práctico: cinco convocatorias; cinco suspensos (segundo y tercero injustos, pero bueno). Tres mil eurazos tirados.

Escribir un libro.- Antes de nacer los niños, era miembro de una asociación editorial que creamos varios miembros de una publicación local. Logré publicar dos relatos en tres años. Uno de ellos premiado. Cuando me lo propongo, puedo escribir algo más que digno. Mis principales fallos son estructurales y la ausencia de experiencias viajeras y facultativas para desarrollar una ficción ambientada en la realidad. Así que mi campo de acción se limitaría al terreno fantástico. Imaginación no me falta. Comencé, hace ya diez, años una historia. Duerme en los cajones esperando a que me digne trabajarla. Pero estoy segura de que la escribiré.

Viajar al extranjero.- Debo ser de las pocas personas que, hoy en día, lo más lejos que ha ido ha sido a Lanzarote. Me seducen otros destinos. Babeo cuando alguien cuelga las fotos de sus viajes o me narra cosas de otras culturas, costumbres de otros países... pero me asusta viajar. Perder el contacto, por muy provisional que sea, con el país en que nací. Es irracional, lo sé. Tampoco mi economía es que me permita hacer grandes planes. Pero siempre me escudo en esto e invierto ese dinero que no gasto en viajar en cosas prácticas del día a día. Me gustaría probarlo antes de que mis hijos lo hagan antes que yo.

Volver a subirme a un escenario.-  Una gran parte de la confianza que actualmente tengo en mi misma se la debo al teatro. Fue mi cura para absurdos/castradores complejos que tenía. Echo de menos la ilusión de acometer un proyecto común y darle vida sobre las tablas. Transformarme en otra persona y trabajar un personaje. Las anécdotas de los ensayos. Los nervios del estreno. La ausencia de miedos y esa sensación de que no existe más que lo que en eso momento dices y sientes mientras un foco te ilumina. El aplauso tras el trabajo, un abrazo cálido que te envuelve y reconforta y te ayuda a evaluar la ejecución de tu interpretación. Pero el nivel de entrega que exige lo hace, a día de hoy, incompatible con mi vida actual. Pero no lo descarto. ¿Alguien tiene un proyecto interesante?

Y vosotros, ¿qué tareas tenéis pendientes?

1 comentario:

Magda dijo...

Mi gran tarea pendiente es aprender a relativizar todo lo que ocurre a mi alrededor.
Ah! Y viajar a Egipto!