20 junio 2006

Lo que el viento se llevó

El eco de las reuniones de sábado en un salón medio amueblado, con el ruido de fondo de risas jóvenes, comentarios jocosos y las experiencias de iniciación en nuestra recién estrenada independencia.
Las resacas de una noche de baile compartiendo la música que nos alimentaba el corazón.
Los desayunos de siete estornudos previos al primer café puerta a puerta mientras nos sentabamos en el suelo ignorando la confortabilidad de un enorme sillón que invitaba a la pereza.
Los peloteos de la cancha de paddle de los chicos y nuestras carreras a recuperar las pelotas que volaban sobre las mallas y caían dando botes en la rampa del garaje.
El Gambrinus, La Fábrica, La Terraza de la Paz y tantas otras que nos reunían en torno a unas cerveza frías y las más variadas tapas que devorábamos como si no fuéramos a comer mañana.
Las acogedoras aguas gaditanas que nos separaron sin motivo aquel verano.
El divorcio anunciado.
Los efímeros encuentros que se convirtieron en vanos intentos de redescubrir la amistad y que se confirmaron en espejismos de algo que nunca, aunque lo intentamos, fue real.
La desilusión de descubrir que tras las hermosas letras no siempre se encuentra un poeta sino una persona incompleta que se alimenta de la atención de los demás y que consume sus días emborrachando su realidad llorando problemas que no quiere solucionar.
Los años dorados.
Los que nos enseñaron a caminar.
Pero el sol nos descubre cada día mil y un detalles si los sabemos apreciar, para siempre en la memoria vivirán. Y son esos, los que habitan en el alma, y con ellos el viento no podrá.


Escuchando JOAQUIN SABINA "Por el bulevar de los sueños rotos".

3 comentarios:

Ro dijo...

Claro que no, q bien tener memoria y guardar todo aquello q nos hizo ser, sentir, vivir... Después de todo es lo que nos queda, los recuerdos y eso el viento no se lo puede llevar.
Pd. Me ha encantado.
Mua

Alfredito dijo...

"Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido".
(Luis Cernuda)

A veces nos habita el olvido y otras la memoria se nos adhiere como una piel y nos moldea a su antojo.
Besitos

Mardolo dijo...

RO: Gracias. La verdad es que estoy de un melancólico que no lo soporto ni yo misma...
Un besazo.
ALFREDITO: Preciosa aportación y hermosas palabras que ejemplifican mejor que las mías lo que habita muchas veces en mi interior.
Un beso y gracias.